Ingredientes:
manteca pomada, 340g
azúcar, 100g
harina leudante, 7 cdas.
chocalate, 500g
femineidad, 150g
yemas, 7
esencia de menta, c/n
Sucede que un día, sin penas ni gloria, el impulso te lleva y la libertad te nace. Sin esperar más que confianza a cambio, desplegás todos tus utensilios y te ponés a cocinar. Resignificás una calle mientras el chocolate se funde ayudado por los instintos del vapor y la manteca baila al compás del azucar.
El misterio de la osadía, pensás, sólo puede compararse con la perfección de una yema, y añorás los momentos en que imaginabas que tu espontaneidad pordía salvarte de los avatares del destino. Sin embargo prendés el horno y esperás que la sutileza te caliente. Sabiéndote ingenua implorás a los cielos la verdad de la milanesa y tamizás la harina para que los grumos no empañen tu entereza.
Y cuando creés que es tarde, y sabés que los recuerdos sólo son buenos inventos, le das espacio a tu esencia femenina que huele a menta fresca.
Entonces, la percepción te llama y casi como protegiendo tus manos, apagás el horno y te entregás a tu costado más luminoso. El mismo que puede sentir en cada torta lo impredecible de la vida.
Como prepararlo: derretir el chocolate con la manteca en un baño de maría apagado (para que no se queme el chocolate). Por otro lado, mezclar el azúcar con las yemas y añadir el chocolate ya derretido. Por último, agragar las 7 cucharadas de harina, si es posible tamizadas, y la esencia de menta. Colocar en una placa para horno enmantecada y enharinada (o forrada con papel manteca) y cocinar a fuego medio algo así como 15 a 20 minutos, dependiendo claro, de la intensidad del horno.