lunes, 28 de junio de 2010

He decidido contar cómo los mundiales desentonan y forjan un estado del ánimo incapaz de parecerse a algo. Hasta acá nada que no sepamos todos. Pero escribir es como despulgarme (si fuera perro) entonces voy a contar la historia de mis mundiales. Mi vida detenida cada cuatro inviernos.

Argentina 1978 durante años sostuve la leyenda de que mi concepción se manifestó con un gol de Kempes, luego supe de la dictadura militar. Transitando estos días percibo (porque es muy precario) la necesidad de pensar el mundial ´78 como parte inherente a una sociedad castigada y amanecida. Todo parece haber sido una conspiración sólo comparable con la llegada del hombre a la luna. Son pocos los que osan conmemorar. De fútbol estoy hablando. Y de la pregunta que surge. Los vi sentados en un programa de televisión. Parecían avergonzados y casi siempre andan de a pares. Esta vez eran el Pato y el Conejo. Fáciles de adivinar aunque tuvieses los ojos vendados. Aunque las luces fuesen implacables, aunque te distrajeras por momentos. Un día, pienso, aprenderemos a separar las cosas. Porque todo no queda rico.

España 1982 es probable que la memoria me falle en este mismo instante y que la puerta del living de mi casa (esa misma puerta que se esconde rutinariamente) no se abriera y no entrara mi papá con nuestro primer televisor color. Philco. Tal vez era Pirucho, el carnicero amigo y yo mirando desde el pasillo. Se supone que ya estaba volviendo.

México 1986 parece que exagero, pero les juro que era domingo y que estaba nublado. Y por si fuera ridículo volvía del cine. De la doble función. No me da siquiera para crearme un mundo revuelto y fingir que el destino me figuró alfombras. Así que llegamos a mi casa. Lo que si es seguro (ni mi madre podrá negarme) que el cuero de vaca albergaba hasta polémicas decisiones. Tanto así que mi hermano mordía almohadones en blanco y negro y que la sangre consideraba dar la vuelta. De pronto en un Peugeot 504 de lujo enredándonos el pelo. Lunes sin clases y apenas un significado. De todas formas ya estaba entre nosotros.

Italia 1990 ¿es así de sencillo? ¿se presenta y nos rendimos ante su pleitesía? Aunque las lágrimas nos hubieran pertenecido sólo nosotros entendemos de que comulga. No es posible que las cadenas se ahoguen. Era la camiseta azul y la ternura de cada cena. Era la madre patria y las manos del otro dios (¿o acaso somos monoteístas?) Y el tiro de la justicia. De la revancha que supimos conseguir. Porque perdimos, sobre todo porque perdimos. Y sin embargo se entregan las espadas. Porque no se frustra, ni siquiera en los ´90, la savia de nuestra perseverancia.

EEUU 1994
por lo que tiene entendido mi inteligencia desperdiciada este fue un momento o un pantano. O la prensa o de verdad estuvo maldito. La sacamos barata, aunque lo sabíamos pensamos que no era posible. No esta vez. En fin, que va! nos cortaron la piernas. Lástima que me di cuenta luego. Cuando la pelota decidió mantenerse limpia. Cuando el mar me encontró envuelta. Cuando aún eran pequeños los milagros y las inspiraciones. Volvimos. Como correspondía.

Francia 1998 ¿cuando es que uno se queda sin memoria o sin aliento? Recuerdo a mi abuela considerando el destierro. Y sacar el corazón al tiro de las armas. Lo más extraño es que por esos días sería uno de ellos y no saber que inconciencia paraliza las almas nos corrompe y nos doblega. Pero pierden los del barrio y celebramos con un asado. Porque de algo nos convencimos, que somos los mejores y nos unen nuestras paredes.

Corea/Japón 2002
aquellos que intentan vencernos mataron más que los nuestros. Socializaron el concepto y en el fondo agradecimos. Otra vez los aledaños y el gordo que se da cuenta que no merecimos esas redes. No importan los cuartos ni las metáforas que se presumen, ella insiste en matenerse unida. Algo no previsto nos evitó la lujuria. Por algo el cielo otorga una lengua engendrada. De mi no tengo datos, lo digo por la rima.

Alemania 2006 cuanto más se crece y se evita la secuela, más se sabe de delitos. La mafia quedó lejos pero se alza al destino. Incluso llegaron en barco y nos echaron por las cloacas. En fin. Nos desconcentramos con derecho. Y ninguno creyó lo que vendría.

Sudáfrica 2010 ¿será que en los tiempos la historia se escribe con las anécdotas no contadas en el preciso instante en que sucumben? Ofrendo mis cábalas al silencio y a Maradona la redención.

Muchas gracias

Paulina




sábado, 12 de junio de 2010

Es obvio:


voy a hablar del mundial. Porque de todas maneras nos atraviesa. Define el instante en que solemos acordarnos de ciertas cosas.
A veces me pregunto si de verdad Maradona fue el dios de todos los tiempos y reconozco las metáforas. Algunos evitaron escucharme porque en definitiva las creencias estimulan.
Esto en una confesión.
Podría contarles una historia pequeña. Comienza (por así decirlo) en el cine. Con Carolina, mi prima. Es claro que no se que película vimos pero si se que vi un avance. ¿No les resultan atractivos los próximos estrenos? ¿Sabían que hay una industria paralela a la cinematográfica que se dedica a contar lo que a veces no responde a tal genialidad?
Durante meses quise ver esa película. Al cine no fui. Intenté bajarla pero eran demasiadas partes, muchos .rar y versiones robadas en un trípode. Mientras, siempre hay algo.

Días pasados empezó el mundial. El mundo se une por una pelota.
Y nosotros a qué jugamos?
Jugamos al fútbol.
Entonces que decir de todo esto.
Qué en Sudáfrica también está lloviendo. Qué puedo situarme veinte años atrás, que me acuerdo siempre del frío, del sillón que da vueltas. Del domingo con Canigia y con mi tío Tutino. De que (por cábala) me vestí de celeste y que fui a festejar la derrota.
Pienso que por destino es invierno para nosotros. Y cada cuatro años se nos lo recuerda.
Y otra vez todo lo que llega a mis fibras más íntimas. La posibilidad (más allá de Claro, movistar, sanyo, 50 cuotas, plasmas, sin interés, personal, arnet) de preguntarnos que queremos para hoy.
Entre tanto negro y todos sus colores llegamos a otros que también se congelaron.
Y justo cuando dejé de prestar atención, descargué un archivo. Que contiene una película. Que con el real player proyecta en .avi la esperanza de la que intentaba hablaros.
Invictus cuenta como Nelson Mandela decide suponer que, intermediadas por el deporte, las personas pueden identificarse. Que a veces los malos tienen terror.
Ni el rugby es el fútbol, ni Maradona es Mandela.
Pero como algo completamente básico y trillado, sin encontrar otras palabras acordes a mis ansias, diciendo lo ya dicho sin poder detenerme espero que las casualidades constituyan el eco.

Empezó el mundial, señores.
(mal que le pese a los detractores)
la simpleza del sentido
pretende consagrarnos
a la naturaleza del ser humano.
Los que quieran irse...pueden hacerlo.
Los que vean plano...deben hacerlo.

Sudáfrica me consagra a la superación de prejuicios. A la liberación de banderas y a significar lo pequeño del espacio.

Pero que se vaya todo a la mierda y que Argentina salga campeón!!!

He dicho










lunes, 7 de junio de 2010

Según dicen...

...las segundas partes no son tan buenas. Según se sabe el poeta debe olvidar los motivos y seguir adelante.
Pero hay historias que merecen ser vengadas. Se posan en tus recuerdos sin sentido aparente y además de proyectarse, tienen fe.
Les decía que un domingo cualquiera del año 2003 estaba por cometer el pequeño error de mi vida.
Fui caminando desde mi casa hasta la casa de una amiga. De esas que a la fuerza expulsas de tu locura. Pero siempre son pocas las circunstancias. En su casa me probé unos anteojos y me miré al espejo. Me quedé helada.
De nuevo caminando, esta vez para mi casa. Y pronto de vuelta para otro lado. Con parada a mitad de camino.
Nos sentamos en un banco y se acercó un hombre algo bien vestido. Tenía, por Dios lo juro, una enorme panza y su barba blanca.
Siete años después todo lo onírico acaba por sucederse.
Se presentó como un arcángel, que había sido médico y cocinero de un barco.
De pronto me mira directamente a los ojos. Y dice algo que recuerdo pero que de contarlo perdería lo poco que queda. Entonces, aún sin esperar respuesta, convoca lo íntimo y prudente. Dice sin vergüenza: "vos seguí cocinando, vas a llegar a ser alguien" mientras comentaba de su barco y de sus fuegos. Hablaba del gato Dumas y del I.A.G. y de los costos de decisiones inverosímiles.
No pude ver lo pronto que la gloria culmina. Pero ahora que lo pienso, ni siquiera el barro supo conquistarme. Estaba a salvo.
A mi amiga le preguntó que alardeaba.
Segura de sus gafas dijo: estudio medicina.
Para qué! me corrieron por las venas siete largos (otra vez) años.
Cómo si el diablo de mis sueños hubiera tenido el coraje de manifestarse, el momento comenzó a darme miedo. No por mi esta vez. En fin.
Él dijo que la medicina también lo definía. Supo ser médico y en esos días moría de cancer. Estaba enojado y muy atento. Le preguntó que había después de la muerte.
Nada, dijo la muy idiota, sólo cuerpo putrefacto.
Y el alma dónde se sugiere? insistía el buen hombre.
En ningún lado, dijo la muy idiota.
Yo hubiera respondido otra cosa. Estaba bien entrenada por esos días. Por suerte, supongo, no participé de la secuencia. Tal vez vio que era posible desteñirme.
En el medio de la furia unos cachorros distrajeron al arcángel y dije: vamos.
No fue el miedo lo que me levantó del banco, ni la lluvia, ni el viejo. No podía notarse mi duda. No es que cosiderara que la carne se pudra pero era todo tan real que lo infinito segregaba.
El lunes estaba preocupada. Cada vez que sonaba el teléfono, el profeta dejaba sin aliento mis manos.
En fin.
Les decía. Es de esas amigas indeseables e indecentes. Es posible que no la sufriera en carne propia. No a ésta.
Me fui de a poco.
El arcángel había anticipado demasiadas cosas.
A lo mejor yo era inexperta. E improbable.
A lo mejor me refirió poco para que no hiciera papelones.
Pero blasfemó y puso en evidencia.
El otro día tomaba un vino de algunos pesos y me acordé de la historia. A lo mejor así de renegado se ve mi arcángel.
Y me permitió acceder a lo más angustioso de la existencia.
El poder de lo magnánime.

martes, 1 de junio de 2010

Continuará...

Quisiera, si me permiten, contarles una historia que por medio de una copa barata llegó a los oídos de la conciencia que espera dormida un despertar. Saben desde hace tiempo que mis espacios sólo pueden comprenderse si se tiene en cuenta la incapacidad del transcurrir.
Hace algo más de siete años (al fin!) la obviedad era cosa cotidiana. Pero es inevitable que cada seis días Dios se dignara otorgarnos su descanso.
Ubicación: diagonales en Plaza Rocha (las de adentro de la plaza, La Plata , Argentina).
Día:
Año: 2003 (creo)
Compañía: qué palabra difícil.
Espero nunca me recuerden por el pasado, o si?
Era otoño, de eso estoy segura. Las cosas empiezan a fallar.
Depende de cada uno.
En fin, una forzosa despedida. Unos cachorros y anteojos horribles. Que en definitiva salvaron mi reputación. Ojo. Ya lo había visto antes. Redundante yo? preguntó M.
Un mendigo dijo ser un arcángel, y un cocinero, y sobre todo un doctor. Tenía cancer y perdió toda su fortuna. Toda.
Le preguntó a ella, médica ella, que sería después de la muerte.
Nada, contestó. Ella.
Ay! fuego.
A mi me dijo que siguiera cocinando.