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Ya pasó una semana y un día, nuevamente el descanso apenas dominical que Dios puso en el camino. Obvio que no me lo perdería por nada del infierno. Yo que pensaba que sólo de nosotros dependía la adaptación. Porque nadie podrá negar la contradicción de una casa de comidas. Por un lado la empresa y por otro lado el arte. No es que únicamente nos compren sino que perciban, más allá de lo descartable, lo que se siente al cocinar (les). Sería demasiado pero el deseo es gratis.
De a poco la gente fue entrando, exigiendo, preguntando. De a poco algunos nos regalaron su retorno. Y con eso la responsabilidad de dar lo mejor.
Si a uno siquiera el olor lo remontara a tiempos de inocencia, si a vos, Jehová te permité acceder a mi pedido no al tuyo, entonces, claramente, los discos encenderán la llama.
Qué será del miedo en lo particular de los números pares?
De las presencias que bicicletean la calle algunas me dejan conmovida, porque me recuerdan a la buena suerte. Y a los prejuicios que, avinagrados, nos equilibran.
Hoy por tercera (y no vencida) vez, este espacio, este blog toma otra textura. Se reinvierte. Se nutre (OH casualidad) de lo mismo que transporta.
Se sincera con los antiguos y con los ojalá.
La energía abrió las puertas. Aquellas que en alguna comanda se cerraron.
Llegaremos a ser clásicos en esta ciudad, pero estamos naciendo.
De nuevo, bienvenidos al arte Disconcertado, claro está.
Dudas, sugerencias y críticas constructivas y amables en: disconcertados@hotmail.com