viernes, 27 de marzo de 2009

Mateo Rogelio, el aventurero

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Cuando me enteré de su estreno me sentí feliz, los rumores hacía tiempo que andaban dando vueltas y todo indicaba que el 22 de mayo iba a verla. Estuve ansiosa casi un año, cada tanto pensaba en la fecha, hasta que un día llegó. Y fue sorprendente.
Tanta gente esperando ese momento, tanto códigos fraternos. Mi primer estreno, mi primer jueves de conmemoración. Ese día debutaba simultaneamente en todo el mundo el gran retorno.
Su sombrero huele a tierra, y sus manos queman por la curiosidad inocente que conllevan. Es de esas personas que buscan la verdad. No por ser bueno, si no porque no pueden eludir tal compromiso.
Ríe de si mismo como si no existiera el libre albedrío porque supone que hasta la coherencia es relativa. Se perdona todo menos la ignorancia.

Y la falta de fe.

"Rusos" dice un tal Indiana Jones apenas muestra su cara en un film indispensable. Y cómo si esto no fuera suficiente se empapa de traiciones y de un árbol genealógico descendente que da cuenta no sólo de la evolución ineludible del antropólogo, sino de Harrison, aquel actor encantado.
Ya no es tan joven Indi por eso tiene licencia para decir lo que no se dice, aunque debe desdecirse si se trata de su prole.
Tan irónico cómo siempre, el científico acepta las reglas. Pero el juego lo inventa él.
"El reino de la Calavera de Cristal" cuenta de extraterrestres, de civilizaciones antiguas, y de familias reencontradas alrededor de una metáfora. Es la cuarta de una saga ochentosa, estrenada en 2008 respetando la inocencia y la cartelera original pintada a mano por el mismo artista plástico.

¿Que veinte años no es nada? Entiendo que quisieron decir. "No es nada" si estamos dispuestos a crecer sin perder la esencia.

Y eso hizo él, el aventurero entrañable.


martes, 24 de marzo de 2009

Dignidad, siempre dignidad

5

Hay películas hermosas que despiertan en nosotros viejos recuerdos arraigados de otras infancias. Pero sólo algunas no se prestan, ni a tu mejor amiga, ni a tu vieja. Sólo se muestran, se exhiben, sobre todo aquellas partes que aún nos emocionan o lo que es mejor, nos divierten. Son esos film que por alguna coincidencia del cosmos pararon en nuestras manos y nos acompañaran toda la vida.
Dicen que cuando sos chico podes comprender todo desde la percepción y no desde el intelecto. Supongo que ha de ser porque aun no aprendimos los conceptos necesarios (y suficientes) como para desenvolvernos como seres sociales. Supongo que por lo mismo cuando sos chico basta con ver una cara para entender lo que está sucediendo. Don que se va perdiendo con el tiempo más estamos a esfuerzos de recuperarlo.
Son de esas películas que cuanto más pasan los lustros más nos preguntamos que es lo que nos gusta. Mas, que es lo que nos moviliza. Qué es lo que nos convoca a hacerle un homenaje.
Por qué? A lo mejor por los colores, a lo mejor por la ropa, a lo mejor por su música. Tal vez aquella coincidencia.
Metáforas reencarnan en cada escena porque claro, de eso se trata el cine. De representar lo irónico de la vida aunque para eso sea necesario bailar y cantar. Porque es una película que desnuda el detrás de todo sin perder la magia de décadas de girar y girar. Porque las canciones no se agotan y porque es el símbolo que mas se parece a mi, porque esconde lo patético bajo enormes anteojos negros y porque se sabe, la alfombra roja es nuestra.
Por eso y tal vez por su eternidad o que se yo a lo mejor por la sarcástica decencia con la que llevan adelante su lema: dignidad, siempre dignidad.
Pasaron casi veinte años y muchas proyecciones, más supongo que pasaran otros tantos años antes de que yo descubra por que Cantando bajo la lluvia me marcó cómo sólo marcan algunas parcelas de nuestras vidas. A lo mejor porque Gene Kelly es un hombre muy sexi.
Cómo film es puntual, exacto. Poderoso. Representante de una época y de una sociedad.
En tiempos de crisis considero recomendable todos los medios para estudiar el pasado aunque eso incluya aquellas cosas cursis: como esta traducción genuina de una canción que recorrió el mundo y una escena que modificó el inconsciente colectivo cinéfilo.

Estoy cantando bajo la lluvia.
Sólo cantando bajo la lluvia.
Qué glorioso sentimiento
soy feliz otra vez.

Me río de las nubes,
tan oscuras allá arriba.
El sol está en mi corazón.
Y estoy listo para amar.

Qué las nubes de tormentan se alejen.

A todos del lugar
vengan con la lluvia,
tengo una sonrisa en mi boca.

Caminaré por la calle
con un feliz estribillo.
Cantando, cantando bajo la lluvia.

Bailando bajo la lluvia...

soy feliz otra vez.

Estoy cantando
y bailando bajo la lluvia.




Espero se animen a verla...

domingo, 8 de marzo de 2009

De budines y otras yerbas...








A Mateo...
Marecelina...
Caro...
Lucía...
Diana...
Gustavo...
Leticia...

A mi abuela Anita.



"...No querida, quedate tranquila que yo estoy bien..." Estas fueron las últimas palabras que escuché decir a mi abuela Vasca, dichas antes de que su cuerpo desaparezca apenas mas delgado que en sus años mozos. Y me encontré oyendo esa promesa en un lugar en el que me encontraría muy seguido: en sueños de agua. A la mañana siguiente mi abuela se muere. Y no pude sentir tristeza. Y estuvo bien, porque comprendí y recordé que el ciclo debe cerrarse. No tengo ninguna deuda porque siempre la quise pero por sobre todas las cosas jamás le hice trampas a"la canasta". Nunca la vi partir porque jamás se fue.
En el mundo privado de la Vasca después del café con leche venía el mate, la radio vieja encendida e infinidad de palabras cruzadas. La tarde con Julio Lago y ese olor eterno a escones, ese sapo que regaba , y esa extraña manera de reaccionar ante las cosas... La botica de Angel, los fideos con manteca y los domingos de Strudel. Mi vestido de 15, y el tuyo, y el tuyo y el tuyo...
No se cómo, pero en la mesa redonda de su cocina, ella se sentaba en la punta.
Mi abuela amaba las palabras, el cine y estar sola un buen rato. Cuando éramos chicos nos retaba bastante, nos ponía los límites y nos educaba, pero nos dejaba comer muchos caramelos de aquella hermosa caramelera. Todos íbamos a dormir a su casa cuando eran noches de boliche y seguro fue la primer llave que tuvimos. Y cuando ella y nosotros crecimos se dedicó a malcriarnos, a protegernos a hacernos la vida más sencilla. Son demasiadas anécdotas, demasiadas noches de ausencia.
De todos sus nietos creo ser la más parecida y, por supuesto, la favorita. Pero se que todos creemos lo mismo porque de eso se encargó, eso nos dejó en su testamento. Todos fuimos especiales para ella, lo parecidos, los favoritos.
La noche antes de morir mi hermano habló con ella, seguro recordando cuando le sostuvo la mano porque mi abuela tenía miedo. Yo esa misma noche la soñé sentada en su silla con toda esa cocina detrás. Vivita y coleando.

Ingredientes para el budín inglés:
  • manteca, 200 g
  • azúcar, 200 g
  • 4 huevos
  • harina, 200 g
  • polvo de hornear, 1 cucharadita.
  • Frutas secas y abrillantadas, 300 g
  • vino oporto, 1 copita
Cómo se hace: baten la manteca pomada con el azúcar hasta que quede blanco. Luego le agregan los huevos de a uno, mezclando bien entre uno y otro. Incorporan la harina con el polvo de hornear y el oporto. Por último las frutas secas mezcladas con un poco de harina para que no se bajen durante la cocción. Colocan la preparacion en una budinera enmantecada y enharinada y cocinan en horno suave (170º) 50 minutos apróximadamente.

¡Yerba mala nunca muere!