miércoles, 28 de octubre de 2009

Primavera, verano, otoño, invierno...y otra vez primavera

Volviendo. No se puede ser más específica. Dicen que la tercera es la vencida, y en honor a la verdad es la tercera vez que intento poner palabras a los opuestos, si es que pueden ser algo más que complementarios.
Para ir entendiendo, justo en la mitad, aunque se empeñe en ser seis, debo contarles algo de la rueda astrológica.
Cierren los ojos e imaginen un círculo perfecto. Hay principio y hay final, justo ahí dónde el cosmos decide soprendernos, aparece una explosión que remite al proceso de creación y es dónde Aries se relame a su antojo. Para sacarse de encima las estructuras cuando Piscis (The big fish) entona la canción de los fantasmas.
Entre tanto Tauro y todas sus iniciales prescribe el nacimiento del aire que Géminis ostenta y Cáncer estimula los ovarios arrancándose las tetas cansadas de alimentar.
Leo se requiere en el párrafo aparte.
Virgo camina necesitando escalones exactos dando un coraje relativo a Libra que se presupone inocente. Entonces Escorpio se traga la mierda para que Sagitario destelle, aunque sea sangre.
A la altura de lo medio y de los cielos el hombre y Capricornio entierran el delirio y Acuario se caga en todo.
Piscis empuja y Aries da a luz.
Así la rueda y su lugar más común, giran. Pero sin perderse de vista. Entonces cada uno de ellos tiene cada uno de aquellos. Cada uno de nosotros tiene su opuesto complementario.
Así dicen, los que saben, se forma el complemento. Como cuando el vino mancha los labios. Consecuencia, para algunos, inevitable.

Aries - Libra: ya se, parece imposible
Tauro - Escorpio: infa...mmm...inco...
Géminis - Sagitario: ¿Podrán las palabras verse ausentes?
Cáncer - Capriconio: una cuestión de género
Leo - Acuario: buenos vecinos
Virgo - Piscis: la unión hace la fuerza (y la batalla)
Entendiendo que soy de Piscis, creo que Virgo se merece semejante explicación.

VIRGO Primavera, verano, otoño, invierno y otra vez...primavera

Todos los puntos
apartes
suspensivos
nacen de la tierra.
Y de ahí,
derechito al infierno
del orden no aparente.

La verdad
no se oculta en los movimientos.
La verdad es el movimiento
que no admite presagios.


Bueno, al menos
eso suponen ellos.
Los que nunca se equivocan.

Como toda aridez
la niebla
inventa
para ocultar
lo único
que se estremece.

Lo único
que,
como si nada
se repite.
Para transitar
invariable
al destino
que remonta
dulce de leches.

A diferencia de nosotros
ellos
están en todos los detalles.

Brochete agridulce de pollo y jengibre
  • palitos para brochete c/n
  • pechugas de pollo, 2
  • panceta ahumada, dos fetas gruesas
  • cebolla blanca, 2 unidades
  • vino blanco, medio vaso
  • cerveza roja (de ser posible), medio litro
  • jengibre, medio bulbito
  • sal, poca
  • pimienta, a como de lugar
  • verdes, muchos verdes y rúcula
  • azúcar negro, tres cucharadas
Simple: La historia comienza de seis a ocho horas antes, para economizar la energía. Trozan cada pechuga en ocho cuadrados, algunos más grandes resultarán. Lo mismo, con osadía, cortan en cuartos las cebollas. Y consiguen cuadrados de panceta.
Arman las
brochetes de la siguiente manera, pollo, panceta, cebolla. Pollo, panceta, cebolla. Pollo, panceta, cebolla. Pollo, panceta, cebolla. De modo que se repita cuatro veces cada ingrediente. Obtendrán cuatro brochetes. En un tupper profundo colocan las brochetes y comienzan la marinada. Echan la cerveza, el vino, la sal, la pimienta y el jengibre picado. y el azúcar Que repose, esas seis u ocho horas. Luego la cocción, que puede ser en el horno o en una sarten, como mucho media hora. No se olviden de incorporar el jugo de la marinada.
Las sirven acompañadas de un
mezclum de hojas verdes.

Esto nunca les hubiera pasado


martes, 20 de octubre de 2009

Se puede amar a dos hombres inteligentes al mismo tiempo?

¿qué los diferencia?


Me conocen, no desaparezco sólo por convicción. Las divas tenemos que reinventarnos, es una obligación que nos viene junto a la dote. Sólo que las novatas no controlamos nuestros tiempos sabáticos. No quisiera atormentarlos con los síntomas del aislamientos pero es inevitable, ya que de una buena explicación depende mi credibilidad.
Resulta que para poder seguir debo confesar, para que la prueba releve la parte que me toca.
Cuando abrí este espacio para el debate no creí el alcance que tendría. No creí que mis seguidoras (tan fieles, por cierto) hicieran suyo su alter ego, el del blog, claro. Ya ven, los comentarios forman parte de otro espacio, tienen entidad propia e incluso un poco de anarquía. De pronto algo que nació para ser mío, para despuntar algún que otro vicio, se convirtió en algo que me excede. Basta con un otro para que el uno tenga sentido. Ahí, justo ahí, entendí que mis palabras pueden conmover a la casualidad.
Entonces, luego de los divanes pertinentes, le otorgué al arte y la cocina su título nobiliario: Laboratorio Experimental De Ciencias Ocultas, Recetas y Literatura.
Es decir: un gran agujero donde lo que puede ocupar el vacío es simplemente la duda o la osadía.
Llegué a esta conclusión basándome en estudios de campo y poesías de ciudad.
Luego de un cuento que me convocó más energía de la que pudiera generar, naturalmente, me recluí. Dejé que mis espacios se llenaran de ideas, de olores y de saberes.

La primavera llegó exactamente junto con él, pero dio lugar a nuevos amores. Y a excentricas similitudes.

House/Ligthman Gregory/Cal Hugh/Tim

Me conocen, no he parado desde Mesa de noticias. No me he perdido ningún capitulo de Brigada A y he intentado arrancarme la piel para ver si detrás de todo, lo verde daba crédito a V Invasión extraterrestre.
Un día llegó The Nanny (versión yanqui, la única posible) y entonces mi vida cobró un nuevo significado.
Entendí un concepto en televisión, nuevo para los argentinos y mucho más para las repetidoras de Bahía Blanca.
Y el cine ganó terreno. Jack Sparrow hizo de las suyas bautizándome a los 28 años.
Pero en el mundo de las imágenes la libertad no se aferra a las estructuras y las dos primeras temporadas de Dr. House llegaron a mis manos. Copias ilegales. Recuerdo un acolchado naranja y una expectativa vapuleada. Los subtítulos nunca llegaron y tuve que conformarme con una traducción al español que resultó bastante gallega para mi gusto. Pero a veces, lo mágico no respeta idiomas. Hubiera jurado en ese entonces (y ahora) que House hablaba en castellano. Porque lo que lo hace universal no son sus sílabas.
Gregory House merece ser llamado por su nombre y merece que creamos en su existencia, porque sabe que todos mentimos. Nos hace la pregunta que atenta contra la respuesta. Renguea para verse aún más sexi y sí, tiene un as bajo la manga. Metaforiza la existencia enfermando de debilidad a nuestro costado más oscuro. Juega a ser Dios y dentro de ese argumento es un juego certero.
En menos de un año vi las primeras cinco temporadas completas y me convencí de que sí era necesario terminar con la serie para que House fuera feliz haría el esfuerzo de dejarlo donde estaba. Pero el negocio o la inspiración otorgaron una sexta partida y parece que no será la última. Brindo por eso.
Detrás está Hugh Laurie quién da vida a lo que existe. No pueden sus ojos no ser la misma persona. No pueden sus manos no curar el abatimiento. Es cuando el personaje revive a su antojo.
Esperando el retorno, llegó otro doctor a mis días. No era nefrólogo. Fue psiquiatra.
Cal Ligthman, el hombre luz. Dueño de una cientificidad absoluta como House, considera que todos mentimos. Más lo importante es saber por qué. Entiende que cuando nos rascamos la oreja estamos ocultando algo y entiende que lo no dicho nos enfrenta, inexorablemente, con el monstruo que cuida nuestras flaquezas. Si lo decimos, claro.
Es probable que Cal sea petizo y no muy agraciado. Pero esa inclinación con que nos reverencia y nos descubre, lo hace sexi.
Tim Roth apela a lo esotérico para otorgarnos aquello que nos hace considerar la posiblidad de que el televisor sea tan sólo una excusa.
Lie to me o Miénteme genera un lugar en dónde la verdad está expuesta, no en las palabras que suelen mentirnos sino en los gestos que no pueden disimular la franqueza o la peor de las falacias.
En este tiempo de ausencia tuve una gran dosis de temperamento y muchas horas continuadas de capítulos que se mezclaban como el vino y la sangre.
Por eso les pido, les exijo, les recomiendo, les suplico que no se pierdan del encanto y de la magnitud.
Volviendo: ¿se puede amar a dos hombres inteligentes al mismo tiempo?

Dr.House/Lie to me



jueves, 1 de octubre de 2009

martes, 1 de septiembre de 2009

Gregory

convergen
otras
naves
trazando
rutas
adversas,
dudando
irreverentes,
construyen
caminos
inhóspitos
ostentando
naturaleza

viernes, 14 de agosto de 2009

cruauté

cómo
ratas
usurparán
el
lugar
del
atinado
dios

lunes, 10 de agosto de 2009

Aceptar

advertir
como
el
poderoso
tiempo
acarrea
consigo,
inexorablemente,
otras
nieves

sábado, 8 de agosto de 2009

Exilio

A Sopau Malau no le pesaba su nombre, contaba con que tarde o temprano estaría a la altura de sus circunstancias. Lo único que la diferenciaba de Mafalda era que a ella sí le gustaba la sopa.
La mayoría de las veces gustaba de estar sola pero se sentía muy a gusto con la gente (con alguna gente).
Cuenta la leyenda que tenía el don de ver más allá de las cosas y que su casa era nada comparada con el verde que la rodeaba. Pinos, laureles, copos de nieve, nogales, cerezos, magnolias, ceibos, araucarias, eso y mucho pasto.
Siempre supo que el jueves era el gran día, lástima que no sabía que la gente cada tanto corrompía las normas. Creía que ser cidadana era amar las luces de neon y de alguna manera estaba en lo cierto. De lugares extraños venían a su boca palabras que sólo mucho tiempo después comprendería lo que significaban: "qué lo épico se manifieste" se encontró escribiendo Sopau y le gustó. Pero lo hizo carne cuando realmente entendió que lo épico debía manifestarse.
Era todo lo optimista que una niña podía ser y siempre conservó ese espíritu.
De su padre aprendió lo necesario, de su madre debía aprenderlo, así fue que Sopau prefirió cantar bajo la lluvia aunque no hubiera tormenta.
Un día con más esperanza que ropa, partió de viaje a su merecido exilio. Sabía de sus orígenes y andando dejó piedritas en el camino para nunca olvidar el camino de regreso.